viernes, septiembre 14, 2007

Una furtiva lágrima

Tanto alegrías como tristezas nos hacen llorar.
A veces salen tal como una llave abierta, otras caen como goteras por nuestros ojos y hasta a veces por nuestra nariz. Se siente atroz cuando salen en frente de quien no quieres, y peor aun cuando no tienes ni pañuelo.

El llanto de un adulto es distinto al de un niño o un bebé. Ellos lloran por hambre, frio, molestia y ciertos dolores físicos, como cuando se golpean alguna parte del cuerpo, para llamar la atención, etc. Sin embargo cuando nosotros los adultos lloramos, generalmente es cuando ya no es por dolores simples como caerse, si no que más profundos que eso.

Hace ya bastante tiempo que no lo hacía pero era necesario, las cosas acumuladas durante el año. Si bien el año pasado y lo que va de este ha sido bastante bueno y han sido más los beneficios que las pérdidas. Siempre hace falta un momento a solas, para encontrarse con uno mismo para llorar y reirse, para meditar un poco más profundo y sacar cuentas de la vida.

No es frecuente que llore, pero cuando lloro siempre quiero esconderme, prefiero hundir mi cabeza en la almohada aunque a veces los suspiros no pueden ocultarse.

Esta vez me tocó a mi, en un momento inesperado pero vital. Fue el momento preciso. Era hora de que afloraran lágrimas, que muchas veces por la falta de tiempo se ahogan y se reprimen, porque vivimos una vida en la que a veces esas cosas están demás para algunos. Al menos sé que para mi no está demás.

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